domingo, 2 de noviembre de 2014

Cuidar la visión en la infancia

Los niños pueden tener las patologías oculares y los defectos de refracción típicos del adulto, además de otros que son más propios de la infancia, como el estrabismo y la ambliopía (ojo vago). En todos los casos, el diagnóstico y tratamiento precoz, antes de que el ojo complete su evolución, hacia los 8 años, evitará que el problema ocular persista en la edad adulta.
Para ello, es importante prestar atención a una serie de síntomas que puede manifestar la presencia de alguna patología o trastorno ocular en el pequeño, así como realizar una revisión oftalmológica completa a nuestros hijos a partir de los 3 o 4 años, especialmente si hay antecedentes en la familia de algún trastorno ocular, y tratarlos antes de los 8 años; un diagnóstico tardío es la principal causa de no curación de las enfermedades oculares surgidas en la infancia, mientras que casi todas las patologías que se diagnostican 
precozmente, pueden curarse.
Las principales patologías oculares en la infancia son:

  • Estrabismo: pérdida del paralelismo de los ojos, con desviación ocular alternante o no (hacia dentro, hacia fuera, hacia arriba o hacia abajo). Puede tratarse con gafas o lentillas o con cirugía.
  • Ambliopía (ojo vago): baja visión de uno o ambos ojos por una falta de uso durante el desarrollo visual (antes de los 8 años). Al ver bien por uno de los ojos, el niño se desenvuelve con normalidad y no se detecta hasta que se hace una revisión rutinaria. Puede tratarse con oclusión del ojo sano (parche) durante un tiempo, colirio dilatador para provocar visión borrosa en el ojo sano o gafas con graduación no necesaria en el ojo bueno.
  • Defectos refractivos (miopía, hipermetropía, astigmatismo): desenfocan los objetos en la retina. Pueden tratarse con gafas, lentillas o cirugía refractiva.

Señales de alerta de problemas visuales en los niños


  • No identifica de forma adecuada a los familiares en distancias largas.
  • Se queja de dolor de cabeza o visión borrosa. Desvía un ojo, especialmente en estado de cansancio o debilidad, fiebre, sueño, etc.
  • Se frota los ojos de forma repetida.
  • Presenta una mancha blanquecina en el área pupilar.
  • Inclina la cabeza para fijar la mirada.
  • La luz solar le resulta excesivamente molesta, o se adapta mal a la oscuridad.
  • No le llaman la atención las cosas lejanas.
  • Se acerca mucho los objetos a la cara.
  • Presenta algún tipo de dificultad para mantener los ojos abiertos mientras lee, escribe o dibuja.